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U na de las áreas más bellas de este país: Cuetzalan. Originalmente fueron los totonacos quienes se asentaron en estos lugares, dejando como testimonio de su presencia la zona arqueológica de Yohualichan, siendo más tarde conquistados por grupos de filiación nahua- chichimeca y luego tolteca-chichimeca. El caudillo Xolótl, de triste memoria por su crueldad, arrasó pueblos y sementeras, fundando nuevos pueblos, ya con gente suya, o al menos obligando a los anteriores habitantes a hablar nahuatl y aceptar distintas costumbres. En la última etapa prehispánica , fueron los guerreros tenochcas, acolhuas y tepanecas, quienes se enseñorearon de toda esta parte serrana, como preámbulo para el dominio de la rica zona costera, estableciendo como cabecera tributaria a Tlatlauhquitepec. Aún quedan los montículos de entonces, en las orillas de la actual población. Objeto de enconada polémica ha sido la etimología del nombre. Para el erudito Peñafiel, "Quetzalan" ó "Cuetzalan", quiere decir. "Lugar de Quetzales", aludiendo al ave guatemalteca, cuya especie nunca ha habitado en estas tierras. Le siguen fielmente muchos lugareños. Para los investigadores serios modernos, el vocablo significa "Manojo de plumas preciosas", o simplemente "lugar precioso", pero ambos sectarios filosóficos, pueden convivir, sin que la sangre llegue al río. Mientras que la ciudad se asienta a una altura de 980 m.s.n.m., los alrededores llegan a tener cimas de 1,600 m. y simas de 100m. de tal forma que se encuentran todas las altitudes posibles, reflejadas en la geografía, y sobre todo en la producción variada y contrastante. La cabecera tiene aproximadamente 18 mil habitantes, en su mayoría mestizos, que controlan la vida de los indígenas nahuas de los contornos, los que sumarán unos 35 mil. La flora es variada y exageradamente exuberante, valga la redundancia, pues uno encuentra desde el bosque tropical, hasta los altos cedros y caobas, aunque estos cada vez menos, por la excesiva tala y nulo control ambiental. Los ríos de buen caudal son el Apulco, el Cuichat y el Tozan, mismos que desembocarán en el Tecuantepec. En la segunda mitad del siglo XVI arribaron los franciscanos, quienes implementaron su actividad desde Tlatlauqui, fundando las doctrinas de Zacapoaxtla, Jonotla, Nauzontla y Cuetzalan. Con seguridad los frailes conocieron y entendieron la historia, tradiciones y religión de los indígenas cuetzaltecos, ya que dedicaron el pueblo y su templo, al propio San Francisco de Asís, el iluminado que cantaba hermosamente al "Hermano Sol", justamente la deidad primigenia de los recién conversos, cuestión que se deduce, entre otras cosas, de la danza de los "Quetzales", con su enorme penacho de colores, mismo que se coloca de respaldo al Santo Patrono. La Actual parroquia data desde finales del siglo pasado, hasta los años treinta de este. El arquitecto se inspiró en el estilo renacentista, mezclando un poco con románico y gótico. Luce extraordinariamente la muy alta torre de remate cónico, igualmente la cúpula gallonada, todo dejando expuesta la piedra metamórfica que le da un aspecto distinto. El interior es impresionante. Destaca su planta basilical con enorme altura. La nave central se remata en un artesonato de yeso de excelente acabado. En los muros laterales se advierten relieves con la vida de Cristo. Es algo estupendo y fuera de serie, asistir a una celebración litúrgica solemne, pues se combinan las danzas y música indígenas, con la participación de los mestizos, adornos florales, juncia, etc. El templo posee un enorme atrio que se integra ala plaza de armas como si fuera un escenario a propósito. Aquí cada año tiene lugar la "feria" una de las más tradicionales, con la presencia de distintos grupos de danza autóctonas, todas ellas de los alrededores; entre otras: "Negritos", "Santiagos", "Migueles", "Vegas", "Huehues", "Toreadores", y por supuesto, las de origen pehispánico, como la de los "Huahuas" con su rehilete excepcional; los Quetzales de penachos como Soles y, la más representativa de todas: "los Voladores", quienes en el extremo superior de un tronco de un árbol de 30 metros de alto, trasladado con solemnidad desde lejanos bosques, y fincado en la tierra con ofrendas, se lanzan atados a la cintura, imitando el vuelo de las aves solares. Esta danza, que era común a otros pueblos en toda Mesoamérica, se ha restringido a la Sierra Norte de Puebla, Veracruz e Hidalgo. La antigua torre exenta, símbolo de Dios y del Rey, se aprovechó para instalar el reloj "oficial" del municipio. La plaza de armas se divide; la mitad es un parque con su fuente en el primer nivel y quiosco en el segundo, sus prados llenos de verdor, la explanada frente a la autoridad para las concentraciones y bailes públicos, y la otra mitad, en terrazas o grandes escalones, para el tianguis dominical, este último muy concurrido por los habitantes de los poblados y rancherías del rumbo. Realmente es maravilloso asistir al "día de plaza" y ver la cantidad de gente comprando, vendiendo y trocando las más increíbles mercancías.El Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe está "inspirado" en la basílica de Lourdes, Francia, con la peculiaridad de que la alta y esbelta torre, en lugar de las agujas y grutescos, propios del neogótico de Violet Leduc, tiene hiladas de jarros de barro, cuidadosamente ensartados. Por ello le llaman "La Iglesia de los Jarritos". El interior es igualmente neo-gótico, con una bóveda de nervaduras, que en realidad es de lámina de zinc, con molduras de madera y mucha imaginación. Cuetzalan celebra muchas festividades en el año, pero las más rumbosas son las de Guadalupe, el 12 de Diciembre, y la principal, que es la "feria" de San Francisco, el 4 de Octubre. Desde días antes los mayordomos de la fiesta y los caporales, están en "capilla". La víspera empiezan a llegar las danzas, las ceras, las flores y todo el mundo. El día 4, en el atrio tiene lugar la ceremonia de la elección y apología de la "Doncella del Huipil", confrontación en la que participan muchachas nahuas de las juntas auxiliares, ataviadas tradicionalmente. Un jurado compuesto principalmente por los tatiachcas-autoridades indígenas- y por notables lugareños, determinará quien es la más apegada a la "Costumbre". Se le nombra "Doncella del Huipil" y se le pasea, ricamente ataviada, por las calles del pueblo. La ceremonia culmina con la participación de todos los grupos de danza, poniendo el broche de oro los "Voladores". Con ocasión de la "feria", se elige y corona, en medio de un gran baile popular, a la "Reina del café", contrastando así lo mestizo e indígena. Un grupo de cuetzaltecos y amigos, interesados en salvaguardar la cultura, fundaron y mantienen, no con pocas penurias, un museo muy agradable de carácter etnográfico, al que denominaron atinadamente: "Calmahuiztic". En los alrededores están pueblo que muestran cosas interesantes, como San Miguel Tzinacapan, con su templo lleno de magia y tradición ancestral; artesanías en maderas y textiles. Igualmente San Andrés Tzicuilan, que cuenta con las más famosas tejedoras en telares de cintura, que elaboran la ropa femenina tradicional: titixtle o enagua muy amplia con plisados horizontales; se ajusta con una faja ricamente tejida. Viene luego una blusa bordada en el cuello. Se coloca sobre esto el "Huipil" de gasa, que en realidad es un quechquémitl, tramado con la técnica en curva, que ya casi ha desaparecido. Las veredas y caminos de Cuetzalan, albean con estos atuendos de gran belleza y mayor tradición, combinándose con los colores y olores de los cafetales. Pueden visitarse las grutas de Atepolihui, las de Chivoztoc, Cohuaticha, Chichicazapan y otras. En Tzicuilan está una hermosa cascada o salto, de gran atractivo. YOHUALICHAN Se sale de Cuetzalan por un camino cuidadosamente empedrado, que ya casi está concluido, a poco, se tienen panorámicas extraordinarias de la cabecera municipal. A los lados de la ruta se van encontrando indígenas de hermosos atavíos, llevan sus faros a la espalda, tanto hombres como mujeres. Pocas bestias, mucho tráfico de carga, flores, cafetales, naranjos y pimienta. A 7 kilómetros se llega a la comunidad de Yohualichan, total y recalcitrantemente náhua; apegada a sus costumbres que al menos le ofrecen una explicación del mundo. La altura (700 m.s.n.m.), permite un clima cálido y muy húmedo, pues se está ya sobre la pendiente que desemboca en la costa del golfo. El asentamiento indígena contemporáneo se finca sobre los restos de una magnífica ciudad prehispánica. Al parecer los antepasados de estos nahuas, expulsaron violentamente a los antiguos habitantes totonacos, que vivieron allí unos 800 años. Fueron ellos los constructores de un centro ceremonial amplio, armónico y elegante. El sitio participó directamente de la cultura del Tajín, y la influencia de esa ciudad sagrada, se observa en el tipo de estructuras con los nichos, la forma de taludes y tableros y el hallazgo de yugos, palmas y otros materiales. La parte medular se edifico sobre terrazas para obviar la pendiente del terreno y dejar espacio, inclusive para un formidable juego de pelota, con las medidas "oficiales" por así llamarlas. De acuerdo a su importancia, los edificios tienen uno o más cuerpos, pero todos comparten las características de tener nichos, incluso en los remates de algunas plataformas. Es evidente el uso del material local, es decir grandes lajas de roca calcárea, que se puede sacar, con relativa facilidad de las laderas, a manera de sillares, que permitieron, con exceso de mano de obra, levantar grandes basamentos como es el caso, por ejemplo, del juego de pelota, en donde se colocaron bloques de hasta 3 m. de largo. La arquitectura es muy estudiada. El sitio presenta una especie de larguísimo basamento en forma de "L", lo mismo que fue revestido de bloques, ciudando de dejar algunos salientes para cornisas. Anchas escalinatas descienden hasta una plaza central, que tiene dos montículos de baja altura, como si no se hubiera querido obstruir el paisaje. Quedan algunas evidencias del revestimiento de estuco muy grueso y burdo, que fue moldeando grecas y figuras geométricas, que a su vez se pintaron de vivos colores, como rojos y amarillos, tal es el caso del "Templo de la Greca". En la parte Superior y atrás del referido templo, está la cancha del juego de Pelota, de grandes dimensiones, 90 m. de longitud, con sus respectivas cabeceras, una de las cuales, la norte, se integra al propio edificio de "La Greca". No se encontraron los aros, pero se sabe que estos no eran fundamentales para ese deporte. Yohualichan debió establecerse y desarrollarse, desde el siglo III o IV de nuestra era, y abandonarse, por efecto de la violenta conquista de los nahua-chichimeca, entre los siglos X y XI. El nombre le fue puesto por los nahuas, cuando la Ciudad estaba ya abandonada, pues "Yohualichan" significa: "En la morada de la Noche", composición enigmática, que puede aludir simplemente a que al no saber nada de ella, la atribuyeron a espíritus, o bien por creer que en sus ruinas habitaban los "Yohualtecuhtin", dioses que imperaban durante la noche. El sitio esta a cargo del INAH, y abre sus puertas de martes a domingo de 10 a 17 hrs. Texto: Eduardo Merlo Juare
Posada Astrud
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